“Bob Esponja: En Busca de los Pantalones Cuadrados” es colorida
y funcional, pero se queda a medio camino.

Texto por:   @AvanzadaMx  | Fecha: 15/12/2025

Después de más de 25 años al aire y cuatro películas en su historial, Bob Esponja regresa a la pantalla grande con “Bob Esponja: En Busca de los Pantalones Cuadrados”, una nueva entrega que busca reconectar con el espíritu clásico de Bikini Bottom, pero que termina quedándose en terreno seguro. El resultado es una película pensada claramente para el público infantil, funcional como entretenimiento familiar, aunque lejos de la chispa irreverente y universal que convirtió a la serie en un fenómeno cultural.

 

 

UNA HISTORIA SOBRE “SER UN TIPO GRANDE”… QUIZÁ DEMASIADO SIMPLE

La premisa es directa: Bob Esponja descubre que por fin es lo suficientemente “alto” para subirse a los juegos de adultos en un parque de diversiones. Ese pequeño logro detona una obsesión por demostrar que ya no es un “bebé”, sino un “tipo grande”. Cuando el miedo le gana, Don Cangrejo le cuenta sus viejas aventuras como espadachín junto al Holandés Errante, despertando en Bob el deseo de embarcarse en una misión para probar su valentía.

 

El problema no es la idea en sí, sino sus apuestas narrativas. A diferencia de otras películas de la franquicia, donde estaba en juego la vida de Don Cangrejo, el destino de Fondo de Bikini o una pérdida profundamente personal, aquí el conflicto central se siente menor. Si Bob falla, las consecuencias son difusas, lo que debilita la tensión y hace que el viaje se perciba estirado más allá de lo necesario.

 

ANIMACIÓN VISTOSA, HUMOR IRREGULAR

Uno de los puntos más interesantes de “Bob Esponja: En Busca de los Pantalones Cuadrados” es su estilo visual. La animación apuesta por un enfoque tridimensional que intenta emular la elasticidad del 2D clásico, con expresiones exageradas y momentos visualmente creativos, especialmente en su tercer acto, donde se integran elementos híbridos y secuencias más experimentales. Aun así, el acabado resulta inconsistente: en algunos pasajes luce imaginativo y dinámico; en otros, artificial y demasiado “plástico”.

 

En el apartado del humor, la película divide aguas. Hay destellos del absurdo característico de Bob Esponja, pero gran parte de los chistes se apoyan en gags básicos, repetitivos y pensados exclusivamente para niños pequeños. El ingenio que permitía que adultos y niños rieran por igual, marca registrada de las primeras temporadas, aparece solo de forma ocasional.

 

PERSONAJES QUERIDOS, ROLES DESBALANCEADOS

El elenco vocal cumple con oficio. Tom Kenny sigue siendo el alma del personaje, mientras que Clancy Brown aporta peso emocional a Don Cangrejo, quien aquí tiene un rol más relevante de lo habitual. Mark Hamill, como el Holandés Errante, es una elección inspirada, aunque el guion no siempre aprovecha del todo la compleja y divertida dinámica que el villano ha tenido históricamente con Bob Esponja.

 

Eso sí, los fans notarán ausencias importantes. Personajes como Arenita o Plankton quedan prácticamente fuera de la ecuación, mientras que otros aparecen más como cameos que como piezas fundamentales de la historia.

 

RITMO ACELERADO Y SENSACIÓN DE “RELLENO”

Uno de los mayores problemas de la película es su ritmo. En su afán por no perder la atención del público infantil, “Bob Esponja: En Busca de los Pantalones Cuadrados” encadena gags, acción y música sin permitir que los momentos respiren. Esta saturación constante evita el aburrimiento, pero también impide que las emociones se asienten o que los conflictos tengan verdadero peso. La sensación general es la de una historia con material suficiente para un especial largo de televisión, no necesariamente para un largometraje.

 

VEREDICTO: UNA PELÍCULA CORRECTA, PERO OLVIDABLE

“Bob Esponja: En Busca de los Pantalones Cuadrados” no es un desastre, pero tampoco un regreso triunfal. Funciona como entretenimiento ligero para niños y como una puerta de entrada para nuevas generaciones, aunque para quienes crecieron con el humor afilado y sorprendente del Bob Esponja clásico, el resultado se sentirá tibio y predecible.

 

Es una aventura colorida, bien intencionada y ocasionalmente divertida, pero incapaz de justificar plenamente su duración o de recuperar la grandeza creativa que alguna vez definió a la franquicia. Bob Esponja sigue siendo un ícono, pero en esta ocasión, su búsqueda por ser un “tipo grande” se queda a medio camino.