Los Roses recuerda que el amor, convertido en guerra de poder,
es tan fascinante como destructivo.

Texto por: @AvanzadaMx | Fecha: 27/08/2025
Han pasado más de tres décadas desde que La guerra de los Roses (1989) de Danny DeVito sacudiera la cartelera con su oscura sátira sobre el matrimonio. Ahora, en 2025, el director Jay Roach (Meet the Fockers) recupera la historia bajo el título Los Roses, con Olivia Colman y Benedict Cumberbatch al frente, en un intento por actualizar un clásico con nuevas lecturas sobre género, poder y ambición.
En esta nueva versión, Theo (Cumberbatch), un arquitecto en ascenso, ve su carrera desplomarse tras un error fatal, mientras que Ivy (Colman), una chef que había dejado de lado su profesión durante años, encuentra el éxito con un restaurante de mariscos en California. Ese cambio de roles, ella convertida en proveedora y él atrapado en la frustración, desata una batalla conyugal que mezcla humor negro, diálogos mordaces y un retrato incómodo de las fragilidades de pareja.
El guion, a cargo de Tony McNamara (La favorita, Pobres criaturas), imprime su sello con un humor ácido y brillante que convierte las discusiones domésticas en auténticos duelos verbales. Colman y Cumberbatch se entregan a sus papeles con química y crueldad a partes iguales, mostrando cómo el resentimiento y el orgullo pueden corroer lo que alguna vez fue amor. Sin embargo, esa misma apuesta deja en segundo plano a un reparto secundario de lujo , Andy Samberg, Kate McKinnon, Zoë Chao, Ncuti Gatwa y Allison Janney, que queda reducido a pinceladas dentro del drama central.
Lo interesante de Los Roses es cómo se inserta en un panorama cinematográfico actual donde historias como Marriage Story de Noah Baumbach han demostrado que aún hay mucho que decir sobre las rupturas y los conflictos conyugales. A diferencia de aquellas visiones más realistas, esta cinta abraza el exceso y la sátira, recordando que el humor puede ser tan devastador como cualquier tragedia íntima.
¿El resultado? Una película que no teme diferenciarse de la comedia romántica ni del tono original de DeVito. Los Roses apuesta por ser más una comedia negra con tintes existenciales que una sátira ligera sobre la vida en pareja. Aun con ciertos desequilibrios en el desarrollo de los personajes y un arranque que tarda en explotar, la cinta logra sostenerse gracias a la fuerza de su dúo protagonista y a un guion que sabe combinar cinismo y risas incómodas.
Más allá de las comparaciones inevitables, Los Roses funciona como un recordatorio de que el amor, cuando se convierte en una guerra de poder, puede ser tan fascinante de observar como destructivo de vivir.