“Street Fighter” combina acción, humor y nostalgia en una adaptación irregular que encuentra sus mejores momentos en los combates.

Texto por:   @AvanzadaMx  | Fecha: 15/10/2026

Hay películas que adaptan un videojuego y otras que parecen hechas por alguien que acaba de perder una partida y decidió destruir el control. “Street Fighter”, dirigida por Kitao Sakurai, pertenece peligrosamente a la segunda categoría. Con una colección de personajes estrafalarios, peleas exageradas y referencias noventeras, la película convierte el universo de Capcom en un espectáculo tan ridículo como entretenido, aunque entre tantos golpes también termina noqueando a su propia historia.

 

 

Ambientada en 1993, la trama reúne a Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), dos antiguos compañeros de entrenamiento que vuelven a encontrarse cuando Chun-Li (Callina Liang) los recluta para participar en el World Warrior Tournament. Detrás de la competencia está M. Bison (David Dastmalchian), un criminal que busca aprovechar una misteriosa energía para incrementar su poder. Lo que sigue es una sucesión de combates, conspiraciones y personajes que parecen haber escapado directamente de una máquina arcade.
 
El problema es que “Street Fighter” tiene tantas ganas de presumir su colección de peleadores que se olvida de construir una historia capaz de sostenerlos. Las motivaciones de varios personajes quedan sepultadas entre explicaciones apresuradas y secuencias de acción que aparecen con la misma lógica que un Hadouken lanzado al azar. Ryu y Ken deberían sostener el corazón emocional de la película, pero sus conflictos rara vez alcanzan la profundidad necesaria para que importen más allá de la siguiente pelea.
 
Afortunadamente, Noah Centineo aporta una energía descontrolada que convierte a Ken en una celebridad egocéntrica, insegura y desesperada por demostrar que no vive a la sombra de su antiguo amigo. Andrew Koji funciona como su contraparte serena, y ambos encuentran sus mejores momentos cuando intercambian golpes e insultos. Una pelea dentro de una habitación de hotel demuestra que la película puede combinar coreografía, comedia física y personalidad sin necesidad de convertir cada escena en una explosión digital.
 
El resto del elenco también entiende que aquí nadie vino a interpretar a un personaje particularmente realista. Cody Rhodes aprovecha el absurdo de Guile, Eric Andre transforma al presentador Don Sauvage en una bomba de caos y David Dastmalchian disfruta cada instante como un M. Bison tan extravagante como amenazante. Incluso Blanka, interpretado por Jason Momoa, parece diseñado para provocar una mezcla de desconcierto y carcajadas.
 
Las peleas son el principal atractivo, con movimientos inspirados en los videojuegos, artes marciales y referencias al cine de acción de los ochenta y noventa. Sin embargo, la acumulación de chistes, efectos visuales y golpes termina restándole impacto a varios enfrentamientos. La nostalgia también tiene sus límites: las canciones conocidas y los guiños a la cultura pop de la época no bastan para darle identidad a una producción que confunde el exceso con personalidad.
 
Además, el tratamiento de personajes como Chun-Li y Cammy vuelve a tropezar con la sexualización que históricamente ha acompañado a las mujeres de la franquicia, sin ofrecer una crítica suficientemente aguda para justificarla.
 
“Street Fighter” es una adaptación torpe, ruidosa y narrativamente descompuesta, pero ocasionalmente sabe cómo divertir. No todas sus peleas conectan y buena parte de su historia parece escrita entre rounds. Aun así, cuando deja de intentar explicar su universo y simplemente pone a sus peleadores a repartir golpes, recuerda por qué seguimos regresando a estas máquinas virtuales de violencia. El problema es que, esta vez, la nostalgia gana más combates que la película.


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