“Veintidós diez” es un trabajo sólido, con un excelente balance entre fondo y forma, entre emoción y técnica.

Texto por:   @AvanzadaMx  | Fecha: 29/11/2025

A veces, a final de año, aparecen discos que no solo cierran un ciclo, sino que te acompañan a mirarlo de frente. “Veintidós diez”, el debut en solitario de Magdalena Vitale, llega justo con esa energía: íntima, vulnerable y a la vez ambiciosa. No es un EP que busque impresionar con fuerza, sino uno que te invita a entrar despacio, a descubrir sus capas como quien enciende una luz tenue en una habitación nueva. Son tres canciones, sí, pero cada una parece construida con la paciencia de alguien que ha vivido, dudado, cambiado y finalmente decidió poner toda esa historia en sonido.

 

 

“Veintidós diez”, deja claro que estamos frente a una creadora que entiende el poder del diseño sonoro y la narrativa musical. Desarrollado durante dos años, este proyecto breve pero profundo se atreve a explorar temas de autodescubrimiento, libertad y emociones que vibran con una intensidad casi cinematográfica. Lo orgánico y lo digital se cruzan sin fricción, creando paisajes que respiran, avanzan y se transforman.

 

Vitale abre con “Silencio”, quizá el statement más contundente del EP. Desde los primeros instantes se percibe una atención al detalle que se agradece: capas que se mueven con precisión, atmósferas amplias y una producción que apunta alto desde el primer golpe. “Silencio” es un track con dirección fija, pero que se permite jugar con influencias y texturas inesperadas. Ahí conviven lo teatral y lo visceral, una interpretación vocal que se estira y se contrae sin perder tensión. Lo más interesante es su profundidad: no todo se revela a la primera escucha.

 

El viaje continúa con “Supe”, un segundo track que se atreve un poco más. Aquí el EP roza territorios del EDM sin perder la identidad que Vitale establece desde el inicio. La métrica vocal se sale de lo convencional y respira libertad. La producción expande la aventura del compilado y empuja la historia hacia un terreno menos predecible, demostrando que la artista no teme llevar su propuesta a extremos más inquietos.

 

El cierre llega con “Dulce espanto”, el favorito dentro de la redacción. Todo lo que plantea el EP termina de cuajar aquí: ideas, texturas, emociones y un final sostenido por cuerdas que elevan el tema hacia un desenlace que se siente poderoso y, sobre todo, inevitable. Es uno de esos cierres que te obligan a volver al inicio, como si el EP estuviera diseñado para escucharse en loop.

 

Al final, “Veintidós diez” es un trabajo sólido, con un excelente balance entre fondo y forma, entre emoción y técnica. Revela un universo sonoro complejo y amplio, una de esas sorpresas que solo aparecen cuando un artista decide tomar riesgos en serio. Es un debut que no solo promete, sino que entrega, y que, sin proponérselo, se convierte en una de las grandes revelaciones que cierran el año.

 

Puedes ver y escuchar a continuación,  “Veintidós diez”, lo m´ss nuevo de Magdalena Vitale.