“El Sobreviviente” (The Running Man) es una montaña rusa de adrenalina y sátira, que brilla por momentos pero rara vez se detiene a mirar el abismo que denuncia.
Texto por: @AvanzadaMx | Fecha: 13/11/2025
En tiempos donde la realidad se parece demasiado a la ciencia ficción, Edgar Wright vuelve a mirar hacia el futuro, o más bien, hacia el espejo del presente, con su remake de “El Sobreviviente” (The Running Man), la novela de Stephen King que ya en los ochenta imaginaba un mundo gobernado por el entretenimiento y el control mediático. Lo inquietante es que hoy esa visión se siente menos futurista y más documental.
La nueva versión llega cargada de ritmo, adrenalina y sátira, fiel al sello de Wright: montaje frenético, humor seco y una banda sonora que podría revivir una pista de baile apocalíptica. Pero detrás de su pulido espectáculo visual, la película se debate entre ser una crítica del capitalismo mediático y un producto más dentro de la misma maquinaria que intenta parodiar.
GLEN POWELL, EL NUEVO ANTIHÉROE DEL CAOS
En el papel de Ben Richards, Glen Powell confirma lo que muchos sospechaban desde Top Gun: Maverick: tiene el carisma para ser el nuevo héroe de acción, aunque aquí su encanto se tiñe de rabia y desesperación. Richards es un padre común, un hombre arrinconado por la miseria y un sistema de salud quebrado, que acepta participar en un juego mortal televisado para salvar a su familia.
El reality, titulado The Running Man, ofrece un billón de dólares a quien logre sobrevivir 30 días siendo cazado por asesinos profesionales mientras el público vota, comenta y apuesta desde sus pantallas. Es la pesadilla perfecta del siglo XXI: la violencia como espectáculo y la empatía como una suscripción premium.
Powell se entrega al papel con fiereza física, aunque su personaje no siempre logra trascender más allá de la rabia. Es un héroe de pocos matices, más impulsivo que complejo, lo que deja al espectador con ganas de un desarrollo emocional más profundo. Aun así, su química con Jayme Lawson (la esposa exhausta que se ve obligada a sobrevivir por su cuenta) y sus choques con Josh Brolin (magnético como el maquiavélico productor Dan Killian) mantienen viva la tensión.
UN ESPECTÁCULO DISEÑADO PARA NO PARAR DE CORRER
Wright, junto a su coguionista Michael Bacall (Scott Pilgrim vs. the World), recupera la crudeza del texto original de King, ignorada en la versión ochentera de Schwarzenegger. Aquí no hay neones ni disfraces de gladiadores; hay ruinas digitales, propaganda constante y pobreza sistemática, una estética que mezcla el retrofuturo de RoboCop con el nihilismo de Black Mirror.
El director británico demuestra una vez más su virtuosismo técnico: la edición de Paul Machliss es un engranaje de precisión milimétrica, y la selección musical (a cargo de Kirsten Lane) le da alma a cada persecución. Sin embargo, tanta energía también juega en su contra. En su obsesión por mantener el pulso alto, Wright sacrifica el desarrollo emocional y la reflexión que su historia sugiere.
Por momentos, el film se convierte en una sucesión de secuencias brillantes que apenas dejan respirar, como si temiera que el público, o el algoritmo, perdiera interés al bajar el ritmo. Esa velocidad perpetua, aunque impresionante, le resta espacio a los dilemas éticos y a los personajes secundarios, entre ellos Michael Cera como un inventor anarquista y Colman Domingo como el carismático presentador Bobby T., que roba cada escena con su cinismo glamuroso.
ENTRE LA SÁTIRA Y LA SIMULACIÓN
Wright intenta equilibrar la crítica social con el espectáculo, pero “El Sobreviviente” (The Running Man) termina atrapada en una paradoja. Quiere denunciar un mundo donde la violencia se convierte en entretenimiento, y sin embargo, depende de esa misma violencia para mantenernos atentos. Quiere exponer el poder manipulador de los medios, pero lo hace desde una superproducción perfectamente calibrada para el consumo masivo.
Aun con esas contradicciones, el film funciona como una alegoría del presente, donde la línea entre espectador y participante se borra a diario. Las referencias a la precariedad, la desigualdad y la manipulación informativa no son advertencias futuristas, sino reflejos reconocibles en cualquier noticiero o red social.
CONCLUSIÓN: UNA DISTOPÍA DEMASIADO REAL
Sin alcanzar la perfección narrativa de Baby Driver ni la elegancia sombría de Last Night in Soho, Edgar Wright entrega su película más ambiciosa y, quizás, más incómoda. “El Sobreviviente” (The Running Man) es una montaña rusa de adrenalina y sátira, que brilla por momentos pero rara vez se detiene a mirar el abismo que denuncia.
En el fondo, lo más perturbador no es su violencia, sino su familiaridad. Porque si algo deja claro esta nueva versión, es que el futuro que King imaginó hace más de cuarenta años ya está aquí, solo que ahora, somos nosotros quienes seguimos corriendo por entretenimiento.

