“El Bosque Salvaje: Wildwood” consigue construir un mundo enorme sin perder el encanto de algo hecho a mano.
Texto por: @AvanzadaMx | Fecha: 23/10/2026
¿Qué haces cuando una bandada de cuervos secuestra a tu hermano pequeño y la única forma de recuperarlo es meterte en un bosque lleno de criaturas extrañas, ejércitos de coyotes y gobernantes que han perdido el control de su territorio? En “El Bosque Salvaje: Wildwood”, la nueva aventura animada de Laika, esta premisa se convierte en una fantasía oscura que tiene todo para llevarse la etiqueta de “Garantía Cinépolis”.
Dirigida por Travis Knight, responsable de “Kubo y la búsqueda del samurái”, la película sigue a Prue, una adolescente de Portland que se interna en una región prohibida para rescatar a su hermano menor. La acompaña Curtis, un compañero de escuela más cercano a los juegos de rol que a las batallas reales. Lo que encuentran es un mundo dividido entre distintas facciones, animales parlantes y una lucha por el poder que amenaza con convertir el bosque en un campo de guerra.
Hasta aquí, podría parecer otra historia de fantasía sobre niños que descubren que el mundo es más extraño de lo que imaginaban. La diferencia está en cómo Laika consigue darle vida a todo este desmadre. Mientras buena parte de la animación comercial apuesta por imágenes digitales impecables, “El Bosque Salvaje: Wildwood” demuestra lo que se puede hacer con el stop-motion cuando hay imaginación, paciencia y un equipo dispuesto a cuidar hasta el último detalle.
Las plumas de las aves, las texturas de los árboles, las ruinas cubiertas de vegetación y las expresiones de cada criatura hacen que este universo se sienta tangible. No es solamente una colección de escenarios bonitos: el bosque tiene una identidad propia, con territorios que parecen guardar historias incluso cuando los protagonistas no están ahí para descubrirlas. Visualmente, la película es un espectáculo que justifica buena parte de sus más de dos horas de duración.
Aunque su apariencia podría hacer pensar en una aventura familiar convencional, Knight no tiene demasiadas ganas de jugar sobre seguro. La historia incluye violencia, pérdidas y una antagonista, Alexandra, cuyo dolor la empuja hacia decisiones cada vez más oscuras. Carey Mulligan le aporta una presencia inquietante a un personaje que resulta más interesante por su tragedia personal que por los planes que pone en marcha.
El problema es que tanta ambición visual no siempre viene acompañada de personajes igual de memorables. Prue y Curtis cumplen con sus respectivos viajes de crecimiento, pero sus motivaciones podrían estar mejor desarrolladas. Además, algunos desvíos narrativos hacen que la aventura pierda ritmo justo cuando debería mantenerte al borde del asiento.
Aun con esos tropiezos, “El Bosque Salvaje: Wildwood” consigue algo que no todas las películas animadas se atreven a intentar: construir un mundo enorme sin perder el encanto de algo hecho a mano. No reinventa la fantasía ni necesita hacerlo. Le basta con recordarnos que todavía hay espacio para historias extrañas, oscuras y visualmente deslumbrantes. “Garantía Cinépolis” para quienes buscan una experiencia que vaya más allá de la animación convencional.
Eso sí, después de ver coyotes militarizados y aves gigantes metidas en conflictos políticos, quizá la próxima vez que alguien te diga que no te acerques al bosque sea mejor hacerle caso. Aunque, si la invitación es a ver “El Bosque Salvaje: Wildwood”, hasta desobedecer puede tener su recompensa. Y sí, “Garantía Cinépolis”.
Al final, entre su impresionante trabajo artesanal y una aventura que se atreve a ponerse bastante oscura, “El Bosque Salvaje: Wildwood” se gana otra mención de “Garantía Cinépolis”.
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