Una crítica al negocio del streaming, las regalías injustas y un sistema que convierte la música en contenido de consumo.
Texto por: @Sean | Fecha: 25/10/2026
Spotify no es tu amigo y, además, no le importas. Esa fue una de las conclusiones a las que llegué tras leer Mood Machine: The Rise of Spotify and the Costs of the Perfect Playlist, el libro sensación del 2025 en el mundo de la música, escrito por Liz Pelly. En resumen, la autora describe cómo se dio la creación de Spotify, cuáles son sus incentivos, cómo funciona la selección del contenido de las distintas listas, el impacto de los servicios de streaming en la industria musical y más. A continuación presento algunas de las ideas que me parecieron relevantes.
A pesar de que Daniel Ek, fundador de Spotify, aprovecha cada oportunidad que tiene para decir que Spotify nació para “democratizar” la música y combatir la piratería, en realidad sus orígenes están ligados a la idea millonaria de ofrecer entretenimiento para vender espacios publicitarios. Pelly señala que en un inicio se buscó otro tipo de medios como, por ejemplo, películas, sin embargo, él y su principal socio se dieron cuenta de que obtendrían márgenes más altos si ofrecían música, pues su costo de licencia es menor.
Con el paso del tiempo, Daniel Ek y su gente descubrieron otra mina de oro: ¿para qué pagar por licencias de música si tú mismo puedes hacer música genérica parecida, aunque no igual, a canciones más conocidas? Al final, el objetivo de Spotify no es que el consumidor pase la mayor cantidad de tiempo posible escuchando algo, lo que sea, y entre menos tenga que pagar por lo que se escucha, mejor. Por ejemplo, hace no mucho Spotify anunció que le entregaría regalías solamente a aquellos artistas que tuvieran más de mil reproducciones durante el mes, a pesar de que el 86% de los artistas que tienen su música en Spotify no alcanzan esa cifra.
Para hacer que tu “estadía” en el servicio sea lo más larga posible, la máquina debe conocer profundamente tus preferencias con el fin de ofrecerte “la lista perfecta”. Al presentarte una lista con recomendaciones personalizadas, Spotify reproduce lo que hará que pases más tiempo escuchando, sea lo que sea. Además, agregando unas cuantas canciones genéricas por aquí y por allá se logra mantener un sonido estable que disminuye costos, le paga a nadie y genera una “hiperpersonalización” para que sea la música la que gira alrededor del consumidor, y no el consumidor el que gire alrededor de la música. Es parecido al caso de los conciertos en los que la raza va nada más a que vean que estuvieron ahí, no a ver al artista en cuestión. Esto también llevó a la popularización del “sonido Spotify”: arreglos mínimos, estrofas simples, sampleos vocales en el coro, tiempos medios y, sobre todo, un sonido que puede fluir hacia la siguiente canción sin que te des cuenta. Muy Billie Eilish, digamos.
¿Alguna vez te has preguntado (o has notado, por lo menos) por qué las listas de popularidad de Spotify son muy diferentes a las listas generales, tipo Billboard, de lo más escuchado? Si bien en la actualidad las reproducciones digitales representan una parte cada vez más grande de las “ventas” contabilizadas en este tipo de listas, Spotify cuenta con programas que impulsan la inclusión de canciones en ciertas listas de reproducción, que es la forma más fácil y rápida de alcanzar la popularidad en el servicio, a cambio de disminuir el pago por reproducción correspondiente. En otras palabras, Spotify se queda con una parte de esos 0.0035 centavos de dólar que debería pagar por reproducción a cambio de que esa canción aparezca en más listas de reproducción, o en alguna en específico. Se podría decir que es payola invertido, pues antes se le pagaba a las estaciones de radio para que pasaran tu canción, mientras que ahora Spotify te paga menos para popularizar tu canción.
Estas prácticas le quitan valor tanto a la música como a sus creadores. El ser músico es un trabajo, y como trabajo debe compensarse correctamente. Para lograr esto, la autora plantea diversas propuestas. En primer lugar, propone la creación de comunidades y asociaciones, tipo sindicatos, que defiendan los derechos de los músicos. Otra, la cual me pareció muy interesante, es el desarrollo de un servicio de streaming que gire alrededor del talento local. Pone como ejemplo un colectivo de jazz estadounidense que hizo uno de estos desarrollos, al cual, cada cierto tiempo, se le actualiza la música disponible, y todos los socios se llevan una parte equitativa de los ingresos. En una ciudad como esta, que tiene más de cinco décadas de propuestas musicales muy diversas, podría ser una gran forma de preservar los sonidos de otras épocas y darle promoción a los nuevos talentos (hay que tomar nota, líder supremo).
Hay dos aspectos del libro que me causaron un poquitín de problemas. Primero, la autora supone que la música solamente se crea como expresión artística, por ejemplo, en géneros como el experimental o el jazz, y que son estos los que deben compensarse correctamente. Por otro lado, creo que personas como tú o como yo estamos de acuerdo en que los artistas deben tener compensaciones justas, sin embargo, existe mucha gente que ve la música como algo secundario o de fondo, justo el tipo de usuario que busca Spotify, y al cual no podría importarle menos el dinero que ganan los músicos porque tienen la creencia de que todos los músicos son millonarios. Hace un tiempo, hablando con un amigo no amante de la música algunos años menor que yo y gran defensor de los derechos laborales, se aventó un comentario tipo “qué extraño que antes tenías que pagar por escuchar música”, como si la música, por naturaleza, debiera ser gratis. Estoy seguro que como él hay millones de personas, y siento que el libro no da un argumento para convencerlas de por qué es importante asegurar un ingreso decente para los artistas.
Como conclusión, puedo decir que “Mood Machine” es un libro realmente interesante. Es claro que lo que pude incluir en esta reseña es un resumen muy breve de su contenido, pues aparte de lo comentado por aquí, aborda varios temas más, con sus respectivos datos para respaldar. En lo personal, ni siquiera uso Spotify y de igual forma me parecieron trascendentes las ideas que presentó la autora, por lo que lo recomiendo ampliamente. Estoy seguro de que también para tí lo serán.
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